↓ ↓ ↓
Hay una pregunta que me ha obsesionado durante años:
La respuesta más habitual suele ser siempre la misma:
"No tengo tiempo".
O cualquiera de sus variantes:
"Es que los hijos, el trabajo, los imprevistos, un jefe incompetente, una agenda imposible...".
Bien.
Pues después de años observando a personas con agendas exigentes y alta responsabilidad...
He llegado a 3 conclusiones:
La diferencia entre quienes consiguen hacer (y sostener) lo que saben que les conviene y quienes no...
NO es el tiempo.
Es la energía cognitiva disponible.
O dicho de otro modo:
Eso es lo que te hace perder el foco, actuar en piloto automático y tomar peores decisiones.
Pero espera,
que eso no es todo.
Porque… ¿sabes?
Lo peor es que luego, la mayoría, cuando empieza a notarlo y a ser consciente de ello…
comete 2 errores que perpetúan todavía más la situación.
(que empeoran aún más el problema real)
Vale.
Mi propuesta es sencilla.
Si te apuntas a la Lista Indomable, recibirás un email de bienvenida donde te explicaré cuáles son esos dos errores.
Y también cómo solucionarlos,
naturalmente.
Una solución tan simple y absurdamente efectiva que la mayoría pasará por alto.
↓ ↓ ↓
Apuntarse (y desapuntarse) es gratis.
... y con el tiempo, me he dado cuenta de otra cosa:
La mayoría prefiere tener razón a tener resultados.
Se aferran a la falta de tiempo,
y a las circunstancias que no pueden cambiar,
para justificar sus "mejorables" resultados.
Eso, al menos, les permite dormir con la conciencia tranquila.
Su solución es esperar a tener más tiempo, más motivación, o a que le asciendan, a jubilarse, a que los hijos crezcan, o a que "la cosa se calme".
Luego hay una minoría de gente muy rara que se dice a sí misma:
"Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia".
Una cosa es de comodones.
Otra cosa es de indomables.
En fin.
Lo que te decía.
Si quieres aprender a proteger tu energía cognitiva en un mundo diseñado para agotarla, te apuntas arriba.
↑ ↑ ↑