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El “chip ahorrador” que todos llevamos instalado

Las tasas de sobrepeso, obesidad, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, alergias y demás «enfermedades modernas» siguen subiendo por mucho que la ciencia avance y estemos más informados. ¿El culpable? Un chip que llevamos instalado en nuestro código genético. Deja que te lo explique?

Para mejorar nuestro cuerpo primero tenemos que entender cómo somos y de dónde venimos.

Somos una especie que se creó hace más de 200.000 años, y desde entonces nuestro código genético apenas ha cambiado. Lo que sí ha cambiado es nuestro estilo de vida. Ahora no tenemos que cazar ni recolectar para comer, no necesitamos correr, saltar ni trepar para sobrevivir, nuestro ocio es sedentario y nuestra alimentación se basa en productos empaquetados de fácil acceso?

Nuestro cuerpo es una máquina metabólica perfecta, pero perfecta para el estilo de vida ancestral. Esta máquina lleva instalado un «chip» que ha ayudado que nuestra especie sobreviva y evolucione durante miles de años, el CHIP AHORRADOR.

A nuestros genes no les ha dado tiempo de cambiar al mismo ritmo que ha cambiado nuestro entorno, y por eso hemos entrado en este conflicto tan grande para nuestra salud.

¿Cómo funciona este chip?

Es un chip que le está mandando órdenes a nuestro cerebro constantemente y que, por tanto, condiciona nuestra conducta. Como su propio nombre indica, tiene una función ahorradora de energía.

Por un lado, hace que gastemos la mínima energía posible durante el día, haciendo que nos dé pereza caminar, entrenar, subir escaleras, etc. y nos anima a pasar el máximo tiempo posible sentados o estirados ahorrando energía.

Y por otro lado, hace que acumulemos la máxima energía posible en nuestras reservas (grasa), haciendo que cuando tengamos comida a nuestro alcance nos entre sensación de hambre, que «prioricemos» la comida con más calorías primero y que comamos de más, para que sobren las máximas posibles y las podamos acumular «por si acaso» vienen tiempos de escasez?

Todo esto tiene su explicación ancestral. Hace miles de años nunca sabíamos cuándo volveríamos a comer, ya que no siempre había suerte en la caza y la recolección. Así que, cuando teníamos acceso a la comida, teníamos que comer lo máximo posible para acumular reservas energéticas suficientes para mantenernos vivos el máximo tiempo posible en futuros periodos de escasez. De la misma forma que debíamos gastar la mínima energía posible en nuestras acciones cotidianas para seguir ahorrando.

¿Qué hay que sacar de todo esto?
  1. Entender el por qué de nuestra conducta.
  2. Analizar y ser conscientes de las acciones cotidianas que realizamos condicionados por el CHIP AHORRADOR y saber diferenciarlas.
  3. Entender que hoy en día no es necesario ahorrar energía, sino al contrario, gastar la máxima posible, ya que tenemos acceso a comida en cualquier momento.
  4. La más difícil, tomar acción. La mala noticia es que el CHIP AHORRADOR no se puede desactivar, así que hay que luchar contra los mensajes que manda al cerebro. Movernos más, sentarnos menos, comer menos y más lento? En definitiva, hacer o dejar de hacer esas cosas que muchas veces creemos que «nos pide» el cuerpo.

Así que efectivamente, puede que no seas el principal culpable de tu sobrepeso o de tu estado de salud en general, pero ahora que eres consciente de ello, sí que eres el responsable de permitir que ese «chip» te controle o no. Tú eliges?

¡No seamos COMODONES!